jueves, marzo 20, 2014

Tres tiempos.

En un primer momento era un peso tremendo incalculable e imperceptible, habitaba toda la distancia de líneas entre cada uno de mis puntos, era un peso que atragantaba, sofocante, tenía en cada aparición una composición de sonidos que nadie más podría escuchar sin caer en severa ansiedad, planteado de manera laxa eso era lo primero. Una persona con el ceño fruncido y dolores terribles en sus ocho cabezas, una furia al parecer, porque era a lo que se parecía su situación, un permanente estado de furia que pasaba al lamento penoso cuando se agotaba. De ese momento al siguiente han pasado tantos años como se han podido dejar pasar. Con perdidas y daños irremediables pero con una suerte muy perra que traía constantemente inversión extranjera. Llego un rato de cortar el ancla y se soltó arbitrariamente a flotar. Toca tan abruptamente y torpe, como la descripción de la transición, aprender a volantear, y hacer el volante y los frenos, y las velocidades, las anclas de diferentes pesos y materiales independientes con tecnología anti dependiente, las velas, los remos, los equipos comunicadores y más de las tecnologías anti tontería. Toca aprender hacer todo eso. Bla.


Villanerías de Hoy y Siempre presentó.